Crítica

Contraste y cliché en «Natural Born Killers» de Oliver Stone

¿Qué es lo que construye al cine de culto? ¿Qué hace que ciertas películas se prolonguen en el tiempo y continúen con una fuerza vigente? Sólo el devenir de una cinta puede decir si pertenece a esta categoría, además de la aceptación de las personas quienes quedaron inmersas en un goce estético único. Una de las películas que ha ido ganado mayor notoriedad a lo largo del tiempo es Natural Born Killers (1994) del director Oliver Stone; parece ser que, incluso para esta época, la relación con el mundo de la crítica sigue siendo distante. Por ejemplo, se tiene que el sitio Rotten Tomatoes le da 47% de aprobación basado en 38 críticas, por otra parte, entre el público general goza de un 81% de aprobación basado en 217,280 raitings [1]. Lo último resulta sugerente, pues la cinta ha ido ganando adeptos con cada generación que pasa, y es, precisamente, considerada por muchos como una cinta de culto.

El filme cuenta la historia de Mickey (Woody Harelson) y Mellory Knox (Juliette Lewis), una pareja de asesinos seriales quienes en su niñez fueron abusados por parte de la figura paterna, aquella que, en términos tradicionales, debería brindar protección; en Mickey, los golpes brutales, en Mellory, además de los golpes, los constantes asaltos sexuales. El daño mutuo es parte del motivo que los mantendrá juntos, pues significa una comprensión del otro, empero, lo que realmente los une es el amor que surge entre ellos en un idílico encuentro. Mickey lleva, a modo de mandado, carne a la casa de Mellory; es el cuerpo del animal que lleva Mickey cargando al hombro una premonición de lo que serán: así como el carnicero lleva a cuestas la carne sin sentir el dolor de sus víctimas, ellos serán los asesinos que carguen a sus muertos.

A lo largo de la cinta se encuentra un contraste constante, inmerso en la esencia psicodélica de la cinta constituida por el soundtrack, las animaciones y los diferentes tipos de montaje, uniéndose con lo que va suscitando en la historia. Este contraste juega con lo establecido generando una estética que cambia junto con los personajes. Para realizar una crítica por contraste, por ejemplo, Stone se vale de la familia de Mellory, en donde se satiriza los programas de la televisión americana, como podrían ser comedias como Married… with Children (1987-1997) o los diferentes programas de noticias que hacen énfasis en la violencia o no pueden ver más allá del prejuicio, como lo hace, en algunos casos, la cadena Fox News o CNN.

Este juego de generar contraste también resulta en un manejo del cliché, en el cómo desatarlo. Por una parte, con el ejemplo anterior, las comedias familiares han sufrido un desgaste estético, se han vuelto un cliché, el trabajo de la historia es darle otro sentido, desatarlo a través de violentar a la familia; por otra parte, tenemos el cliché de los amantes, el trabajo de desatarlo se realiza por su relación homicida, ya no son sólo unos amantes, sino que hay un contraste, entre el amor como creación y el homicidio como destrucción.

Otro contraste se da en la parte media de la cinta (minuto 39:36) donde los Knox se encuentran con un indio quien tiene la facultad de transparentarlos, generando un contraste en ellos mismos. El resultado es, como lo llamaban los griegos, una anagnórisis, un reconocimiento profundo, ellos se reconocen como demonios. Lo último se refleja en las palabras de Mellory: «Mataste a un ser vivo.» Estas líneas, corroboran otra en donde el psiquiatra describe que reconocen el bien y el mal, sólo que no les importa. Esto es importante, pues parece que sí les importa, sólo que, en palabras de Nietzsche, «lo que se hace por amor, se hace siempre más allá del bien y del mal.»

El contraste con el cliché pone de manifiesto un constate oxímoron en la película, esto es, una antítesis que se coloca en dos términos para parecer excluirse mutuamente, pero que están ligados, como una realidad atrapada en la lucha de contrarios.

Finalmente, ¿no es la búsqueda de la verdad, de lo correcto, un contraste inmerso en la realidad que busca ser develado? La cinta no sólo es una crítica sobre los medios masivos, sino sobre el sentido de justicia, a la responsabilidad no sólo de estos, sino de todos. No es sorpresa que Wayne Gale (Robert Downey Jr.) grite al final «Yo soy la estrella de maniacos americanos», palabras que, en sentido actual, y como cinta de culto, siguen estando presentes y con fuerza en nuestra realidad. Parece ser que Natural Born Killers se puede unir con lo que dice José Martí en su crónica de Jesse James: «¿Pues, qué respeto merece el juez, si comete el mismo crimen del criminal?»

Fotografía de Vijay Putra

[1]  Datos revisados el día 11 de octubre de 2019, en el sitio Rotten Tomatoes: https://www.rottentomatoes.com/m/natural_born_killers


Jonathan Mirus
(Guanajuato, 1993) Estudiante de Letras Españolas de la Universidad de Guanajuato. Es cocreador y editor de la revista El Gallo Galante. Ha colaborado en la revista Polen de la Universidad de Guanajuato, Cardenal y Punto de Partida UNAM. Participó en el VIII Festival de Poesía de Fusagasugá.

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